Luego que Lázaro ha sido resucitado de entre los muertos por el Señor, Jesús se aleja a un área desierta y pasa tiempo con los discípulos. Después, Jesús toma tiempo para visitar y cenar con Lázaro, Marta y María, sus amigos. Puedo imaginarme el buen ambiente allí… Un ambiente muy ameno, lleno de risas, por rato con pláticas profundas, lleno de conversaciones interesantes y a veces uno que otro tema trivial… Una tarde en la vida terrenal del Rey.
En ese contexto, de acuerdo a la narración bíblica, puedes ver a Marta, como siempre, sirviendo al Señor, atenta a los detalles pequeños que el Rey pueda desear. Al mismo tiempo, puedes ver a Lázaro, sí Lázaro que había estado muerto, teniendo comunión con Jesús, cenando, riendo y platicando con Él; presentándole a tantos amigos como le era posible. Luego entra en escena María, quien en un acto de adoración, derrama perfume y enjuga los pies de Jesús con sus cabellos. Aun y cuando causó un comentario negativo de Judas diciendo que mejor se hubiese vendido el perfume y haber dado el dinero a los pobres, esto no le importó a María, ella será recordada por haber ungido al rey en adoración, en un acto de entrega y humillación…
Servicio, comunión y adoración… Tres hermanos, tres características de un súbdito del Rey.

