Esta es una pregunta que en más de una ocasión me han hecho, con un tono retórico que indica que la respuesta es negativa. Es decir, cuando de repente nos damos cuenta de la faltas en nuestro carácter, el pensamiento que viene es: Pero la verdad es que no tengo que ser perfecto. Pero la Biblia dice que sí…
Las Escrituras señalan en varias ocasiones que tú y yo debemos anhelar y perseguir la perfección. Frases como “sed pues perfectos, así como vuestro Padre es perfecto” ó “para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” nos señalan una intención clarísima de parte de nuestro Maestro: Perfeccionarnos, es decir, madurarnos, introducirnos a un proceso de instrucción continua que nos permita crecer.
“Pero nunca llegaré a ser perfecto en esta tierra”. Pero cuando entiendes que nuestra oportunidad es participar de la naturaleza misma de Dios, y que para ello debemos luchar contra nuestros deseos carnales y esto nos llevará a una vida plena… ¡entonces vale la pena seguir este camino de por vida!
Así que, la próxima vez que nos encontremos a nosotros mismos mintiendo para salir adelante en un trámite; dando soborno para avanzar en un proceso; copiando en un examen; conduciendo en sentido contrario para llegar más rápido; etc. etc.; y pensemos que son pequeñas cosas porque la idea no es que seamos perfectos… pensémoslo dos veces. Porque la idea sí es que seamos perfectos y que batallemos hasta la sangre, combatiendo contra el pecado en nuestras vidas. Para mí: ¡todo un reto!

