Fue el Maestro quien dijo:
Gloria de los hombres no recibo… ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?
Pablo, uno de los alumnos prominentes del Maestro dijo:
Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
Si somos honestos, la naturaleza humana tiende a necesitar la “palmadita en la espalda” cuando hacemos algo. Ponte a pensar, haces algo para “agradar a Dios” en tu vida, pero en el fondo deseas que “alguien” te lo reconozca. O por otra parte, no dejas de hacer ciertas cosas por “la presión de grupo” que ejercen tus amigos a quienes quieres agradar. Esto se vuelve más difícil cuando la falta de reconocimiento es crónica o cuando se reconoce el pobre desempeño de alguien más y el tuyo no…
Aun y cuando creo que debemos reconocer el trabajo de otros y entendiendo lo bien que se siente que alguien reconozca tu trabajo, llegar al punto de convicción en el cual REALMENTE no es relevante para continuar, el hecho de si otros logran ver tu avance o no, o si reconocen tu esfuerzo o no, toma un crecimiento que lleva tiempo… y mucho tiempo con el Maestro.
No estoy hablando el pensamiento cínico de algunos de “no me importa lo que otros piensen”, si no mas bien un enfoque genuino de por Quién haces lo que haces… ¿Realmente te importa agradar al Maestro por sobre todas las cosas?

